Postales españolas del Tercer Mundo
Las últimas barreras de contención para evitar el peor escenario de millones de familias van cediendo a medida que transcurren los meses. Tras conocerse este lunes los nuevos y lapidarios números de paro en España, hay una certeza indisimulable, que traslada la alarma social a grados extremos. Con más de cinco millones de desocupados y una hemorragia colosal de afiliados a la seguridad social que no se detiene, las principales organizaciones sociales, ONG y asociaciones sin fines de lucro coinciden en señalar una tendencia cada vez más irreversible.
En los primeros años de crisis, la familia se erigió como el colchón de muchísimos ciudadanos de este país, que comenzaron a padecer en carne propia una realidad adversa. Sin embargo, debido a la tasa de paro existente y “actualizada” hace horas por el propio Gobierno, tan prolongada en el tiempo, los ahorros en la mayoría de hogares han desaparecido; pero también los de sus familiares que les ayudaban, con lo que ya no hay donde acudir.
La figura de la familia, que sale al rescate y como puede en auxilio de personas que ya han perdido casi todo, ha amortiguado en estos largos años parte de los efectos devastadores de la crisis, en muchos de los casos. Desde el punto de vista cultural y de idiosincrasia, los españoles siempre se han arropado en situaciones límites. El problema es que España ha entrado en tal fase crítica de coma, que las reservas en miles de hogares han desaparecido y esa cadena de ayudas se ha cortado de la manera más abrupta.
Desde los casos más trágicos de los suicidios hasta las auténticas multitudes cada vez más desesperadas por lo que está ocurriendo, la situación ha ido empeorando. Todas las redes de protección se han desgarrado: primero los ahorros, después los subsidios por desempleo agotados, y finalmente, los familiares que ya no pueden sostener hogares de hijos, nietos o sobrinos.
Queda para muchos la última instancia: el trabajo enorme y conmovedor de entidades sociales como Cáritas, Cruz Roja o el Banco de Alimentos, por ejemplo, que se encuentran literalmente colapsados. El ‘boom’ de la solidaridad no se detiene en España, pero no puede abarcar todo. Es tal la demanda de necesitados, que inevitablemente muchos no pueden satisfacer sus necesidades más elementales, como alimentación y techo: “Hablamos ahora de familias de clase media, cuyos integrantes eran trabajadores de larga duración, incluso con formación universitaria, y se encuentran en paro. Han aguantado hasta donde podían gracias al tejido social y a la buena voluntad de padres, hermanos, amigos... Pero llega un momento en que sus seres queridos padecen la misma situación, entonces no les queda otra que solicitar donaciones ”, confiesa Javier Espinoza, director del Banco solidario de Alimentos de Madrid.
Sólo en este organismo hay 400 entidades adheridas a sus programas, que todos los días acuden a sus instalaciones en busca de comida, ropa, material escolar y otras donaciones. Otro centenar de instituciones permanecen en lista de espera, porque no pueden ingresar a un sistema abarrotado. Cáritas y Cruz Roja, por su parte, han triplicado en cinco años el número de beneficiarios de sus ayudas.

En los comedores sociales, en tanto (como el Simón de Rojas de Móstoles, Madrid), todos coinciden en que nunca han visto imágenes como las del presente. Más de 300.000 jóvenes y parados de clase media y larga duración han pasado a engrosar el listado de usuarios habituales en el último semestre. El número de asistidos por las ONG mencionadas casi se ha duplicado en 2012, cuando en 2011 ya se había registrado alrededor de un millón de familias beneficiarias de sus diversos programas.
Cuatro de cada diez personas que reciben donaciones se enfrentan a un nuevo escenario. Son parejas jóvenes que no pueden llegar a final de mes, profesionales parados de larga duración, y familias con todos sus miembros en paro, según las cifras facilitadas por la Federación Española de Bancos de Alimentos (FESBAL). “Mientras el paro siga subiendo o se estabilice en los niveles actuales es previsible que más familias se encuentren situadas en el nivel de la pobreza”, afirma Agustín Alberti, secretario general de FESBAL.
Y allí aflora el quid más dramático de la cuestión, detrás de las cifras del paro que mes a mes conocemos, como las de hoy. Ya no es insólito pensar que España transita un camino que conduce a una realidad semejante a la de los países del Tercer Mundo. El cóctel que ha derivado en un escenario arrasado es conocido: una recesión que lleva casi un lustro (y sin salida aparente en los próximos dos años), explosión del paro, pauperización laboral, demolición de salarios, pensiones y seguro de desempleo; mutilación de servicios de salud y educación pública, 400.000 desalojos por quiebra (un desahucio cada cinco minutos, según la OCU), incremento de la irritación social, corrupción y deterioro en la imagen de las instituciones son algunos de los ingredientes.
El crecimiento exponencial de la pobreza está atado inevitablemente a cada dato mensual de paro divulgado por el Gobierno, como los de esta mañana, correspondientes a febrero pasado. Según Eurostat, España tiene ya al 27% de su población (12,4 millones de personas) en situación de riesgo de pobreza. El porcentaje sitúa a nuestro país a cuatro puntos porcentuales por encima de la media de la UE y lo ha transformado en el más postergado de la región, sólo detrás de Rumania y Bulgaria.
Y eso no es todo: un informe de Intermón Oxfam asegura que, de no modificar drásticamente el Gobierno sus medidas de austeridad, nuestro país podría alcanzar los 18 millones de pobres en una década (cerca del 40% de la población) y sus consecuencias podrían tardar 25 años en revertirse. Ya no se puede disimular la penosa situación en la que España se encuentra inmersa en el contexto global del mundo.
Por más que intenten explicarnos que la sangría del paro ya no se acelera tanto como otros años, a pesar de que nos quieran ‘vender’ datos macroeconómicos de la balanza comercial tan lejana a la gente, más allá de que una y otra vez aseguren desde los estrados oficiales que el año próximo será el de la recuperación... ¿quién se atreve a refutar esta certeza? España ofrece las postales propias de países que, hasta hace poco, parecían tan lejanos en kilómetros y realidades sociales. Y sí… nuestros gobernantes y oposición, nuestros líderes políticos (en una acera y en la otra), también se asemejan más y más a los del Tercer Mundo, cada día y a cada instante.
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